Hombres lobos

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LICANTROPIA.
¿EXISTE EL HOMBRE LOBO?





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Las historias sobre el hombre lobo se recogían por docenas en la Europa medieval. Nunca se sabrá hasta qué punto el mito y la superstición teñían las denuncias policiales: se acusaba a los licántropos no sólo de amenazar, sino también de raptar, matar y comer a sus víctimas.




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Grabado francés del siglo XVIII: un lobo que atacaba a una población es acorralado.




En los polvorientos archivos del mundo se guardan infinitas historias de hombres que mutaron en lobos. Una extraña metamorfosis que, según describen los viejos manuales de psiquiatría, "es un morbo de personas enfermas que creen ser lobos y salen aullando a corretear por los bosques". Es decir, un trastorno grave de la personalidad, de tipo alucinatorio. A quienes lo padecen se los llama licántropos (del griego tykos, lobo, y anthrópos, hombre). Y la licantropía es, al parecer, una patología tan vieja como el hombre. Ya en el siglo II, una obra médica de Marcellus Sitíeles señalaba claramente que la licantropía era una forma de alienación: Tos hombres son atacados por e! mal especialmente en febrero y acechan, solitarios, en los cementerios, como frenéticos lobos". Analizando los relatos de estas transfiguraciones a través de los siglos, puede trazarse un retrato aproximado del hombre lobo: posee cejas espesas, dientes rojizos, un largo dedo medio, uñas largas también rojizas y orejas situadas muy atrás y muy abajo de la cabeza. Tiene ojos secos y siente sed a menudo. Según un juez francés de la Edad Media que presenciaba regularmente sesiones de tortura, los hombres lobo, igual que las brujas, eran incapaces de llorar. "La piel, áspera y muy ajada debido a los matorrales por los que deambula, presenta un tono amarillento, rosado o verdoso, con abundante pelo', declaró en 1633 Etienne Desormais, un médico de Lyon.




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METAMORFOSIS
En la vieja Europa, los casos de mutación de hombres en lobos sembraban el terror entre los aldeanos. ¿Mito o realidad?





Además de estos rasgos físicos, la historia ha encontrado en el hombre lobo modos de conducta muy típicos: amante de la noche y cultor de la soledad, parecía siempre acosado por una profunda melancolía ("muy negra y vehemente", escribía el historiador francés Simón Goulert a fines del siglo XVII), que lo llevaba a frecuentar las tumbas. Tommaso Garzoni, en su obra Hospital de los Tontos Inocentes, publicada en el año 1600, contaba que "el licántropo sale de su casa por la noche y se va a cazar dando aullidos como un lobo, sacando los huesos de los sepulcros y metiendo miedo a todos los que se topan con él".




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Entre 1520 y 1630, alrededor de 30 mil individuos fueron acusados en Francia de ser hombres lobo. Muchos de ellos, como sucedió con las mujeres convictas de brujería, fueron torturados y ajusticiados.








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Una ley francesa del siglo XVI ordenaba la caza de los lobos. Pero también se perseguía a los presuntos licántropos.





La tradición popular sobre los hombres lobo tuvo un gran desarrollo en la Europa medieval. En Polonia y los países bálticos, por ejemplo, algunos hombres fueron acusados de brujos por su presunta costumbre de convertirse en lobos una vez por año. Un acta de la corte de justicia de Letonia, fechada en 1555, relata que un hombre "a quien nunca le faltó sentido común" había sido sorprendido en unos matorrales quitándose la ropa junto con otros hombres y transformándose todos de inmediato en lobos: "Con esa forma atacaron a todos los animales que encontraron, incluso a caballos", decía el documento.

Historias similares se recogieron por docenas en Irlanda y en Francia. Nunca se sabrá qué parte de verdad encerraban y hasta qué punto el mito y la superstición teñían los testimonios. Pero las denuncias sobre apariciones de hombres lobo continuaron engrosando los archivos policiales y, paralelamente, enriqueciendo el folklore y la literatura de media Europa. Gervase of Tilbury, un escolástico inglés del siglo XIII. escribió que "en Inglaterra vemos a menudo hombres transformados en lobos durante los cambios de la luna". En su obra “Otia Imperalia”, donde recopila leyendas y supersticiones medievales, Gervase incluye la historia de Raimbaud de Auvernia, soldado desertor refugiado en la selva y convertido en lobo, que atacaba a cuanto animal y hombre se le ponía a tiro. Sólo recobró su forma humana tras ser herido por un aldeano.

Un caso más patético aún es el narrado por Marie de France, escritora francesa del siglo XIII, quien en su Balada del hombre lobo describe el caso de una baronesa de Bretaña cuyo esposo desaparecía tres noches por semana. Desconfiando de la fidelidad del barón, la noble mujer decidió investigar y así supo, con pavor, que su marido, debido a una maldición, estaba condenado a pasar esas noches como hombre lobo. Cuando estaba vestido tenía forma humana, y cuando se quitaba las ropas se convertía en lobo. Dos siglos más tarde, Francia viviría una verdadera epidemia de licantropía. Entre 1520 y 1630, alrededor de 30 mil individuos tuvieron la desgracia de ser considerados hombres lobo. Muchos de ellos al igual que lo que sucedía con las mujeres acusadas de brujas confesaron tras terribles sesiones de tortura y murieron en la hoguera. Por esa misma época proliferaron las hipótesis sobre el origen de la licantropía. Algunos pensadores decían que un exceso de melancolía o, como se decía entonces, un desequilibrio de los humores, la parte fluida del organismo humano podía provocar alucinaciones conducentes a un cambio de personalidad como la del hombre lobo. En su obra “Anatomía de la Melancolía”, publicada en 1621, el sacerdote y sabio británico Robert Burlón adscribía la licantropía a la locura, y la atribuía a la dieta pobre, al aire malo o al sedentarismo. Algo de razón debía de tener Burton: hoy se sabe que el pan que comían los campesinos medievales se hacía con cereales frecuentemente atacados por el cornezuelo del centeno, un hongo con alcaloides similares al LSD (ácido lisérgico), causante de intensas alucinaciones. En 1951, cerca de 130 personas fueron hospitalizadas y seis de ellas murieron en una localidad rural de Francia, intoxicadas con pan de centeno atacado por hongos. Las víctimas tenían horribles visiones de tigres y lobos que las atacaban, y creían ellas mismas ser fieras. En 1988, la Fox Broadcasting Corporation emitió en los Estados Unidos un dossier televisivo sobre la licantropía, y recibió alrededor de 340 mil llamados telefónicos de espectadores que informaban haber visto hombres lobo, a quienes endilgaban la autoría de crímenes aún no esclarecidos por la policía.

Lejos de haber desaparecido, los casos de individuos que creen ser hombres lobo siguen ocupando en nuestros días a psicólogos y psiquiatras de todo el mundo. En la edición de noviembre de 1975, la publicación especializada The Canadian Psychiatric Association Journal señalaba que "este estado supuestamente extinguido", omitido por muchos tratados de medicina modernos, se sigue manifestando en varios casos clínicos recientes de licantropía. La revista de los psiquiatras canadienses informaba sobre numerosos pacientes atacados por "la alucinación del hombre lobo'. En cada caso, se indicaba la medicación administrada para neutralizar el trastorno. Un estado patológico a veces adjudicado a la licantropía es la porfiria, un raro desorden genético que afecta a la hemoglobina. La manifestación de este mal concuerda con los rasgos del licántropo: los enfermos buscan la oscuridad, padecen hipertricosis y se les enrojecen los dientes y las uñas. Suelen presentar también cuadros de histeria y psicosis maníacodepresivas. Pero ninguna razón científica ha podido desterrar la tendencia de la gente a creer, como hace siglos, en el carácter casi mágico de la licantropía. Mientras psiquiatras y genetistas prosiguen sus investigaciones, casos como el de Loreto, en México, continúan abonando el viejo miedo popular a una criatura tan alejada de los límites de la realidad como el hombre lobo.




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EL HOMBRE LOBO EN EL CINE
El actor Lon Chaney mientras era caracterizado para la película
de la Universal Pictures “El hombre lobo”, filmada en 1945.



Los hábiles maquilladores de Hollywood dieron visos de realidad
a un mito que llenó de terror a medio mundo, durante mucho tiempo. Hoy, pese a que la ciencia recorrió un largo camino en la explicación de estos fenómenos, el folklore popular sigue avivando los viejos miedos. Los genetistas hablan hoy de porfiria y de hipertricosis, dos dolencias de origen genético, como responsables del vello generalizado en toda la epidermis.
Otra causa posible: una alteración de la glándula suprarrenal.




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“Un hombre lobo americano en Londres” (Oscar 1981 por mejor maquillaje).







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El caso de una familia mexicana cuyos miembros, varones y mujeres, nacen con abundante vello en todo el cuerpo, reactualiza el tema de la licantropía, ese cruel trastorno de la personalidad que convierte a un hombre en lobo. El mito, la historia y la opinión de la ciencia.






Arlene y Lily jamás fueron a la escuela. Tampoco han ido nunca a una fiesta ni tienen amigas. Aunque están física y mentalmente capacitadas para estudiar, salir y divertirse, las dos hermanas, de 12 y 14 años, prefieren quedarse en casa. Temerosas de asomarse a la calle y de que se burlen de ellas, sólo tienen una ambición: llegar algún día a trabajar en un circo, como lo hace su hermano mayor, Jesús, de 19 años, y su tío Manuel, de 52. También sus primos Víctor y Gabriel, de la misma edad que ellas, se ganan la vida bajo una carpa de lona. La mamá de Arlene y Lily está de acuerdo con sus hijas: el circo es el mejor lugar para dos chicas que tienen abundante barba, bigote y pelos por todo el cuerpo. En eso, casi no se diferencian de sus primos Víctor y Gabriel y del tío Manuel, hirsutos por donde se los mire.




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EN LA ESCUELA
Muy pocos niños velludos de México quieren ir al colegio, por temor a las burlas. Algunos han abandonado los estudios a los ocho años, y hoy apenas saben leer y escribir. Todos ellos manifiestan sumo interés en trabajar en un circo.





Esta curiosa familia ha conferido una impensada fama a Loreto, pueblo mexicano situado a unos 400 kilómetros al norte del Distrito Federal. Legiones de periodistas, fotógrafos y curiosos viajan hasta allí para conocer de cerca a un grupo de seres humanos que la opinión popular ha dado en llamar "hombres lobo". Para la ciencia médica, el caso de estos hombres y mujeres extremadamente velludos se cataloga clínicamente como hipertricosis, una enfermedad genética poco frecuente.




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UNA BODA SINGULAR
Hace dos años se casó Jesús Aceves Días (arriba), uno de los hombres velludos de Loreto. Su mujer es normal, pero tuvieron una bebita con hipertricosis.





El mal hereditario que padecen Arlene, Lily y sus parientes cercanos ha sido estudiado desde su descubrimiento, en 1982, por el reputado genetista norteamericano Frank Greenberg, del Baylor College of Medicine. Su colega mexicano, el doctor Marco Antonio Macías Flores, quien está investigando el árbol genealógico de esta familia, dice que el origen del mal se encuentra en un gen del cromosoma sexual X. "A esta familia de Loreto se le despertó un antiguo gen que todos llevamos, y que era el que producía el abundante pelo a nuestros antepasados de hace centenares de miles de años", explica el doctor Macías Flores, quien admite que aún no hay remedio para la hipertricosis. "El día que se encuentre la forma de aislar el gen recesivo que la provoca, es probable que también, siguiendo el camino inverso, se logre neutralizar la calvicie." Pese a que los genetistas rehúsan, en casos como el de Loreto, hablar de hombres lobo, un fantasma planea sin cesar sobre el poblado de Loreto. Los lugareños recelan de la familia de Arlene y Lily, y por las noches evitan pasar frente a su casa. Es inevitable, para ellos, no asociar a sus velludos vecinos con aquellas horrendas criaturas que antaño, presas de un impulso irresistible, vagaban por los campos devorando ovejas y niños.



GRUPO DE FAMILA VICTIMA DEL VELLO
El extraño caso de Petrus Gonsalvus y de sus hijos.

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La hipertricosis, una patología que provoca hirsutismo en hombres y mujeres, ha atacado a veces a ¡lustres personajes. Tal el caso de Petrus Gonsalvus, un poderoso comerciante y armador portugués del siglo XVII, que instaló Importantes empresas en el Brasil y el Caribe, cuya imagen y la de sus hijos ilustran este recuadro. El mal que padecía Gonsalvus es el mismo que afecta a la familia mexicana de Loreto.
Según explican los médicos, la hipertricosis suele tener un origen genético, pero en algunos casos puede presentarse como una simple entidad patológica, vinculada con una alteración en las glándulas suprarrenales que provoca anormalidades en el crecimiento del pelo. En el caso mexicano, los genetistas han deducido las siguientes conclusiones:
• Las mujeres en las que se manifiesta este hirsutismo suelen tener menos pelo que los hombres, pues sólo uno de sus dos cromosomas X está afectado.
• De los hombres afectados, sus hijas nacerán con esa alteración, pero no así sus hijos.
• De las mujeres afectadas, todos sus hijos, varones o mujeres, llevarán la marca del vello de la familia. El genetista Macias Flores, que investiga el caso, relata cómo se encontró la punta del ovillo: "En el árbol genealógico de esta familia existía un individuo masculino afectado que había tenido once descendientes: cuatro hijas mujeres afectadas y siete hijos varones completamente sanos. Este hombre fue quien nos dio la clave del tipo de herencia genética, llamada “dominante ligada al cromosoma sexual X”. En este tipo de herencia suelen manifestarse los rasgos anormales más en las hijas mujeres que en los hijos varones. En el árbol genealógico de esta familia hay actualmente vivos cuatro individuos masculinos y 19 femeninos. Han nacido otros varones, pero tallecieron a los pocos días, no sabemos por qué razones. Sólo sabemos que la explicación está en este cromosoma sexual X”.

                         

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