Los Colosos de Tierra del Fuego

Publicado en por soviet

Una interesante historia:

"...Kenós un enorme coloso de treinta y ocho metros
pisó por primera vez el planeta
cuando la tierra era tan joven,
que sobre ella no existía nada más
que una gran, inmensa y desolada pampa.

Temaukel, su padre, y padre de todo el universo
lo envió a dar forma y vida sobre
la superficie del mundo.

Al tiempo de estar habitando en la soledad,
necesitó alguien para
compartir y entretenerse, un amigo.
Miró hacia el cielo;
Temaukel escuchó su lamento,
dándole entonces la capacidad
para crear otros dioses grandes y semejantes a él.

Puso manos a la obra,
y pronto contó Kenós con tres hermanos gigantes;
ellos fueron Cenuque, Cóoj y Taiyín,
junto a quienes recorrió de arriba a abajo
y de un lado para otro
poniendo las montañas donde no existían,
las nieves en sus cumbres,
los bosques,
los animales grandes y pequeños,
los que viven de día
y los de la noche.
Crearon las plantas,
entre ellas
las que tienen raíces para
afirmarse por sí solas y aquellas que cuelgan largas
voladoras desde un árbol.
Todos,
cada uno de los seres y cosas que dan vida
y forman la tierra
fueron establecidas por Kenós, Cenuque, Cóoj y Taiyín.

Las largas travesías agotaron el cuerpo de Kenós,
quien un día sintiéndose viejo
llamó a sus tres compañeros
para avisarles que había llegado su tiempo de morir.

Les pidió lo acompañaran hacia el Sur,
pues mirando al Sur mueren los guerreros.

Cuando llegaron al lugar elegido
les indicó como debían sepultarlo a tres pisos
bajo el suelo mirando a Temaukel.

Viendo a sus tres hermanos ancianos y cansados les dijo:
-Todas las formas tiene su tiempo, esperen y verán.

Poco debieron aguardar los colosos,
quienes con gran alegría,
a las tres semanas
vieron a Kenós pararse en sus pies.

Era maravilloso ser inmortales
y cada cierta cantidad de años volver a ser
jóvenes; luego comprenderían algo más sobre la vida y la muerte.

Largos siglos vivieron estos gigantes de Tierra del Fuego
transformando la enorme pampa original,
en el mundo que hoy conocemos
con sus infinitos senderos y colores.

La tarea estaba tocando a su fin
cuando Cóoj el más enérgico y puro, se acercó a
Kenós diciéndole:

-Amigo, nuevamente ha llegado mi hora del reposo,
pero esta vez no deseo
volver a renacer.

Mi cuerpo está cansado
y mi caspi anhela su sitio final
junto a Temaukel nuestro creador.

Lo miró Kenós con tristeza
sabiendo que su naturaleza como inmortales no podía
aspirar a estar eternamente junto a Temaukel,
sino que debía permanecer por toda la eternidad
cumpliendo una misión para El,
y para las obras de su creación.
Le hizo saber a Cóoj que el
reposo de su caspi sólo encontraría
su lugar definitivo aquí en la tierra o en el espacio
cósmico de las estrellas siendo una más entre todas.

Nada supo decir Cóoj.
Se había equivocado.
Más bien,
no había comprendido el significado de ser inmortal.
Muy triste se
retiró a llorar su pena.

Caminó hacia el este solitario
derramando torrentes de lágrimas.
Los gruesos goterones
que rodaron por sus pómulos cayeron sobre la tierra
cubriéndola de agua salada
de amargura,
agua que no alcanzó a secar el calor del sol.

Su llanto anegó profundas quebradas y
valles por el oriente,
rebasando los límites
de las altas cumbres hundiéndolas con su peso.

Tanta y tan enorme fue su pena,
que cuando se detuvo y miró hacia el oeste
pensando en regresar junto a Kenós,
su mirada no divisó los territorios caminados en su
peregrinar.

Las lágrimas formaban enormes lagos
los cuales serían llenados posteriormente
por el agua de las nieves y glaciares
que cubrieron la superficie terrestre con su blanca capa de
hielos, cuando el norte se enojó con el sur.

Vio Cóoj el resultado
de su último trabajo comprendiendo cual era el destino
final de su caspi;
entonces reclinando su cuerpo,
besó por última vez la roca seca y se
sumergió...."

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