¿OVNIS EN EL SIGLO XVI?, Primeros avistamientos fueron en los siglos XVI y XVI

Publicado en por soviet

La Historia de la ufología podría adelantarse en varios siglos. De hecho, los primeros avistamientos se produjeron en los siglos XVI y XVII y fueron consignados por el Vaticano en obras que relacionaban estas “señales del cielo” con los cuerpos de los santos mártires. Algunas lograron librarse de la censura y han llegado hasta nosotros como auténticos “manuales ufológicos”.

¿OVNIS EN EL SIGLO XVI?

¿Qué pruebas hay en la historia?


Imagen IPB




Dicen que la Historia de la ufología moderna comienza a mediados del siglo XX. Craso error. Los primeros textos sobre los No Identificados vieron la luz pública por primera vez en los siglos XVI y XVII. Asombrosamente, no se trataba de libros redactados por ufólogos precoces ni por investigadores amantes del misterio, sino por miembros de la Iglesia católica. Sin saberlo, sus autores –sacerdotes, obispos y relevantes personajes de la época– estaban creando las primeras obras de investigación de campo sobre el fenómeno OVNI, aunque han pasado desapercibidas hasta ahora. Estos volúmenes arcaicos y corpulentos, que el tiempo se ha encargado de descatalogar y que fueron sometidos a la censura eclesiástica en su momento, pretendían ser una combinación de sucesos históricos e ideales religiosos que relacionaba las señales del cielo con los cuerpos de los santos mártires venerados en diferentes lugares de la Península Ibérica.



LAS SEÑALES DEL CIELO

Evidentemente, si la Iglesia católica hubiera sospechado lo que en realidad se estaba plasmando a través de estas páginas dichas obras no hubieran visto jamás la luz. Para sus autoridades esos sucesos extraños no eran otra cosa que manifestaciones de Dios, de la Santísima Trinidad y de los santos mártires. Sin embargo, hoy incluiríamos este legado dentro del controvertido terreno del fenómeno OVNI. Un reciente y laborioso proceso de microfilmación ha permitido profundizar en algunos de esos episodios y comprobar que no eran casos aislados, ya que, según lo reseñado en estas obras, hace más de cuatrocientos años se producían con cierta frecuencia en diferentes localidades de España.
La más impresionante, por el inmenso caudal de información objetiva que contiene, es el libro Historia Sexitana de la antigüedad y grandeza de la ciudad de Bélez, escrito, a petición del Vaticano, por el doctor Francisco de Vedmar a finales del siglo XVII. “Por cinco causas y señales suele el Cielo manifestar y descubrir las reliquias de los cuerpos santos a los fieles. El primer lugar lo tienen las tradiciones de la Iglesia. El segundo, las revelaciones. El tercero, los milagros. El cuarto, los edificios que padecen ruinas y en los que se descubren tesoros inestimables de reliquias. El quinto y último son las luces que muchas veces se han visto, y se ven, manifestadoras de que en aquellos sitios y lugares están algunos cuerpos de santos.” Así comienza el segundo capítulo del quinto libro de la obra, que tiene como subtítulo Qué señales suelen ser manifestadoras de las reliquias de los santos, que ocultos en sus sepulcros, nuestros pecados impiden sus invenciones. Y es que en aquella época se creía que cualquier luz extraña en el cielo era una señal de Dios y de los santos enterrados en España.


NATURALEZA DIVINA

“Tengan en quinto lugar las muchas luces que en muchos lugares de Andalucía se han visto, manifestadoras de algunos cuerpos santos que se han descubierto. En las tempestades y tormentas del mar suelen aparecer en las gavias, antenas y árboles de los navíos, y en la tierra en los alcázares, almenas y fortalezas. Por eso, estas luces que se ven en la fortaleza de la ciudad de Bélez y en el cerro de San Cristóbal (Vélez Málaga) son sobrenaturales, venidas del Cielo.”
Desde un primer momento, el doctor Vedmar aprecia una precisa y clara distinción entre las luces naturales, procedentes de rayos en las noches de tormenta, y las luces sobrenaturales. Estas últimas se diferencian de las primeras en que “van girando de una parte a otra, encendiéndose como esferas de fuego” y se presentan en diferentes circunstancias climáticas, llegando a provocar un fuerte y particular sonido que parece “chorrear” de los misteriosos objetos. Estas luces sobrenaturales se mantienen durante más tiempo en el firmamento que las naturales y causan a quien las observa un gran temor, asombro y respeto en un primer momento y después una sensación de paz y bienestar, basada en el convencimiento de que su naturaleza es absolutamente divina.
A lo largo de ese capítulo se analizan diversas oleadas de objetos luminosos que el autor relaciona en todo momento con cuerpos de mártires de la Iglesia católica: “Esto es cosa tan notoria en la ciudad de Málaga que no hay en ella quien lo ignore. Juzgando dichas luces por milagrosas, las cuales en ocasiones se mueven en forma de procesión concertada”. El doctor Vedmar no es el único que analiza este tipo de objetos en la obra Sexitana. En ella también se hace mención a las catalogaciones –hoy día desaparecidas– de otros escritores. Uno de ellos es el licenciado Pedro Díaz de Ribas, que describe este tipo de luces a través de diversos testimonios y de lo leído en la obra de otros insignes personajes de la época, como el doctor Aldrete, el fraile Manuel Tamayo, el maestro Francisco Ruiz Puerta, el padre Bernardino de Villegas y el licenciado Adarve de Acuña. Todos ellos interpretaron los fenómenos lumínicos como señales divinas, un milagro de Dios para reconfortar a los hombres a través de estos inquietos objetos voladores que circulaban en procesión perfecta por los cielos de media España.

Con el subtítulo De las muchas luces que en algunas de las almenas de la fortaleza de la ciudad de Bélez y en otras partes de ella se han visto comienza el cuarto capítulo del quinto libro de la Sexitana. En él encontramos la parte más interesante e intensa de toda la obra, donde se describen con cierto detalle los frecuentes avistamientos de la localidad malagueña de Axarquia.
Algo que llama poderosamente la atención es la forma en que Vedmar describe el aspecto de aquellos objetos, en la que se puede apreciar el sentir religioso que embargaba a las personas de aquella época. Las luces, que a veces se mantenían durante más de media hora visibles en el cielo, “parecían ser velas como de media libra de cera, blancas y largas, que después de estar ardiendo durante mucho tiempo se apagaban”. Vedmar recoge la aparición de un objeto volador no identificado muy brillante, con forma de puro y de tonalidad blanquecina, que después se apagaba, de la misma forma que una vela lo hace ante el altar tras consumirse, y que “chorrea cera, de la que al parecer se compone”. Un suceso que sorprendía a los contemporáneos del doctor Vedmar y que en nuestros días sería contemplado con otros ojos y se identificaría con una supuesta nave nodriza de la que salen otros ovnis de menor tamaño. “En diversas ocasiones, María de Arévalo ha visto procesiones de luces que daban vueltas a las murallas. Estaba tan hecha a ver estas luces que no sólo no le causaban espanto, sino mucho consuelo por haber sido testigo y tener por cierto que son manifestadoras de los cuerpos santos. Encima de la campana de la Vela se puso una cruz de madera y después las luces se ponían en los brazos y en la cabeza de ella, habiendo nueve luces, tres en cada brazo, tres en la cabeza y otras tres en las almenas. María de Arévalo y su marido, Pedro Núñez de Argote, las vieron muchas veces desde muy cerca estando al pie de dichas almenas.”
Este estremecedor fenómeno, que parecía tener un fundamento religioso, se repitió en numerosas ocasiones, teniendo como testigos no sólo a la propia María de Arévalo, sino también a Luis Gálvez, zapatero de la ciudad y velador de la fortaleza desde 1614 hasta 1643. Precisamente, en septiembre del año 1643 una luz se situó sobre la cruz de la Vela, comenzando a “chorrear cera”. Al poco, diversos objetos se posicionaron de nuevo en las diferentes extremidades de la cruz, iluminándola intensamente de un color azulado para desaparecer después de más de media hora. Los objetos se trasladaban posteriormente a diferentes lugares de la ciudad y eran contemplados por diversos testigos. El doctor Olalla de Rivas ,canónigo magistral de la Santa Iglesiade Jaén y beneficiado de púlpito de aquella época, fue uno de los testigos de aquel suceso. Su testimonio mereció gran credibilidad entre sus contemporáneos.


UN EXTRAÑO SER

“Estando María de Arévalo velando su cuarto en la garita de la fortaleza vio entrar mucha claridad por debajo de la puerta y salió a ver quién la causaba. Siendo noche clara de buena luna y estando en compañía de su hija Catalina de Espinosa, observaron salir muchas luces cerca de la cima que está en el corral del Alcasaua, las cuales en forma de procesión subieron por el mirador, dando la vuelta por él y saliendo por donde entraron. Catalina de Espinosa, de diez años de edad, llamó a su madre para que viera algo que había descubierto con gran espanto, miedo y temor. Se podía observar en el mirador un bulto blanco de la estatura de un hombre arrimado a la muralla, como aguardando a que las luces pasaran delante de él, y así que pasaron no le vieron más al ser, que no a las luces, que bajando se dividieron en diferentes partes del Alcasaua, y desaparecieron.” Tal vez éste sea uno de los testimonios más impresionantes de personas que en algún momento de sus vidas han podido contemplar el aspecto de un ser que quizá proceda otro planeta.
Algo parece claro: estas dos mujeres vieron a alguien envuelto en algún tipo de vestimenta blanquecina que le proporcionaba una gran luminosidad y que, aferrado a la muralla de la fortaleza, esperaba que uno de los muchos objetos que circulaban libremente por el firmamento pasara junto a él para introducirse dentro. Y así parece que fue, ya que la misteriosa “abducción” se produjo en el mismo momento en que una de las luces se aproximó. Entonces, la figura antropomorfa desapareció. “Esto ha causado a quien lo ha visto admiración y consuelo, y otras veces temor y desmayos, dejándoles sin fuerzas. Sin duda alguna son sobrenaturales.” Éstos son algunos de los síntomas que provocaban estos repetitivos casos de avistamientos y presuntos contactos con seres de otros mundos que se produjeron en algún lugar de la ciudad de Vélez Málaga y en otras zonas, donde diversos testigos observaron “luces milagrosas que daban tal claridad que alumbraban fuertemente a su paso”. Una de estas experiencias fue corroborada por doña Juana de Castillo, hija del alcalde Melchor de Espinosa.
Normalmente, las luces aparecían en formaciones de tres y se acercaban a la fortaleza para situarse en alguna de sus almenas. Una noche, mientras velaba en su garito, Pedro Núñez de Argote, marido de María de Arévalo, vio una gran claridad por debajo de la puerta y oyó un extraño ruido provocado por mucho viento en forma de remolino. Salió al exterior y contempló tres luces, que parecían descansar en tres de las cuatro almenas de la parte de Levante de dicha torre. Esto mismo vieron su mujer y Alonso Díaz y la mujer de éste, Ana Martín. Poco después el licenciado Antonio Camacho de Hermosilla, beneficiado y vicario de la ciudad, hizo un informe de lo sucedido con las firmas de los cuatro testigos, que juraron los hechos ante la Biblia. Fenómenos todos ellos singulares que se manifestaron en una España profundamente católica y que hoy día pueden cobrar una importancia inusual. Recuerdos de un pasado glorioso y mítico que han quedado plasmados para la posteridad a través de las páginas ajadas de obras casi desconocidas para nosotros.



CERRO DE SAN CRISTÓBAL: OVNIS Y MILAGROS

Aveces la relación entre los ovnis y la religión es asombrosa. Uno de los lugares más prolíficos en avistamientos recogidos en la obra Sexitana es el cerro de San Cristóbal, en Vélez Málaga. En el documento se describen multitud de objetos que danzaban alrededor de una enorme cruz que coronaba el collado, así como varios sucesos asombrosos. En el año 1592 se pretendían realizar unas obras de aplanamiento para erigir un templo, donde sería custodiada una figura de la Virgen de los Remedios traída desde Granada por doña María Calderón, pero la falta de herramientas y dinero hizo que el proyecto se detuviera. Las mujeres del pueblo, preocupadas, rezaron una noche a la Virgen para que les ayudara y a la mañana siguiente, de manera inexplicable... ¡el cerro se había aplanado sin mediación del hombre!



LA CURIOSIDAD

Otro importante núcleo de obras remotas donde se relatan extraños avistamientos OVNI son precisamente las sagradas escrituras de diversas religiones: obras como la Biblia, el Ramayana o el Bhagavad Gita en las que misteriosas luces y carros de fuego eran elementos cotidianos.


TUMBAS CÉLEBRES Y "SEÑALES" MISTERIOSAS

Tengan el primer lugar las luces milagrosas que fueron causa de poder gozar en nuestra España del tesoro del cuerpo santísimo de nuestro apóstol y patrón Santiago. Fue el aso que unos buenos hombres avisaron haber visto en un monte muchas luces, en el que el obispo Teodomilio halló una capilla cubierta de muchos ramos verdes. Debajo estaba una tumba hecha de mármol y dentro, el glorioso cuerpo de nuestro caudillo y patrón Santiago. Alegre, el Obispo se fue al rey Alonso el Segundo, dándole cuenta del milagroso tesoro que mediante luces había descubierto. El Rey, yendo a verlo, mandó hacer la insigne iglesia donde ahora está. A las luces divinas, que fueron causa del hallazgo, se debe la invención de este gran tesoro, refiriéndose así el licenciado Molina del reino de Granada.” Tal y como sugiere este extracto de la obra del doctor Francisco de Vedmar Historia Sexitana de la antigüedad y grandeza de la ciudad de Bélez, los restos del apóstol Santiago fueron hallados gracias a que un grupo de enigmáticas luces marcaron su ubicación. Lo mismo ocurrió con la ubicación de los cuerpos de las santas Justa y Rufina en Sevilla, de los santos Bonofo y Maximiliano en Jaén y de San Torcuato en Granada, al posarse las luces en los lugares de enterramiento de dichos personajes.

¿SABÍAS QUE...
Algunos cronistas del siglo XVII, como Juan Vaseo, Ambrosio de Morales, Esteban de Garibay y Juan de Mariana narran que en el mismo momento en que Jesús de Nazaret era alumbrado “se vio en el cielo de España tan maravillosa claridad que parecía el resplandor del sol de mediodía, al aparecer tres astros que, poco a poco, se convirtieron en uno”


EE.UU., CUNA DE LA UFOLOGÍA MODERNA: LOS "PLATILLOS VOLANTES" DE KENNETH ARNOLD

Dejando de lado los apasionantes documentos antiguos que nos describen objetos no identificados en el cielo, así como la presencia de extraños seres de procedencia desconocida, podemos indicar que la Historia de la ufología moderna comienza en el año 1947, cuando el piloto Kenneth Arnold, el 24 de junio y a eso de las tres de la tarde, observó durante uno de sus vuelos una curiosa cuadrilla de luces sobre los cielos del Monte Rainer (Washington, EE.UU.). Aquel fue el pistoletazo de salida para que curiosos y medios de comunicación se preocuparan por mirar al cielo y observar esos extraños fenómenos del aire que tanto darían que hablar en el futuro.

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