CANIBALES ENTRE NOSOTROS

Publicado en por soviet

Desde la más remota Antigüedad la práctica del canibalismo ha estado presente en el ser humano. La sola mención de la palabra “caníbal” nos produce una mezcla de repugnancia y terror, pero ¿qué se esconde detrás de este tipo de crímenes? ¿Cómo es la mente del caníbal?

Caníbales entre nosotros

¿Nosotros también lo somos?


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La policía mexicana investigaba desde el pasado 5 de octubre la desaparición de Alejandra Galeana Garavito, de 32 años. Alertados por las denuncias de los vecinos de un inmueble situado en el número 198 de la calle Mosqueta, en la céntrica Colonia Guerrero de México D.F., que se quejaban de que el apartamento 17, ubicado en el 4º piso, emanaba un olor nauseabundo, varios efectivos se personaron allí el 8 de octubre. Cuando el agente Omar Barrera franqueó la puerta no encontró a nadie, sólo una ventana abierta. Al verse sorprendido, su ocupante, José Luis Calva Zepeda, había huido arrojándose al vacío. En la cocina una olla bullía puesta al fuego. Cuando Barrera se acercó a apagarlo, movido por la curiosidad, tomó un cazo y removió el espeso caldo. Del fondo sacó un trozo de brazo humano. En un plato, sobre una mesa, se encontraba una rodaja de limón y un tenedor con restos de carne frita, que más tarde se determinó que procedía de un antebrazo humano. Tras inspeccionar el apartamento, los agentes encontraron el torso de Alejandra en un armario, una pierna, una mano y la piel de un brazo en el frigorífico y los huesos de su antebrazo, con señales de haber sido cocinados y dentro de una caja de cereales, en el cubo de la basura.

Entre tanto, en la calle, Calva, de 38 años, era atendido por la Cruz Roja de las lesiones que le había producido la caída. En sus primeras declaraciones se confesó admirador de Hannibal Lecter y del Marqués de Sade. Seducía mujeres vulnerables y madres solteras, ante las que se presentaba como escritor y autor de más de 800 poesías, diez novelas y ocho obras de teatro. En su apartamento se encontró el borrador de una novela que estaba escribiendo y que llevaba por título Instintos caníbales o 12 días, un texto sobre la antropofagia, el sexo y el sadomasoquismo. En la portada aparecía una foto suya distorsionada luciendo una máscara como la de Hannibal en El silencio de los corderos. Por las características de las amputaciones, los investigadores también vincularon al Caníbal de la Guerrero con otros dos asesinatos: el de Ve rónica Consuelo Martínez –cuyo cadáver había aparecido en abril de 2004 en el municipio de Chimalhuacán–, con la que mantuvo una relación sentimental, y el de una prostituta apodada La Jarocha. Su cuerpo había sido hallado en abril de 2007. Ambos cadáveres estaban descuartizados y les faltaban varias partes del cuerpo, por lo que no se puede descartar que Calva Zepeda también se las comiera.
El 11 de diciembre El Caníbal de la Guerrerofue encontrado ahorcado con un cinturón en su celda. Fuentes penitenciarias no descartaron que hubiera sido asesinado por otros internos. El caso de Calva Zepeda es el último de una larga lista de asesinos caníbales. Siguiendo la macabra estela de Albert Fish –ejecutado en 1936–, durante el siglo pasado y lo que llevamos de éste se han registrado en todo el mundo numerosos casos de asesinos cuya única motivación era saborear la carne humana.


ANTEPASADOS FEROCES

El canibalismo se encuentra profundamente arraigado en nuestro inconsciente colectivo, en ese lado oscuro de nuestra mente en el que escondemos nuestros miedos más primitivos. Por sorprendente que parezca, recientes descubrimientos apoyan la hipótesis de que los seres humanos han sido devorados por sus semejantes desde que nuestros primeros ancestros comenzaron a caminar por la Tierra. En 1991, en la cueva de MoulaGuercy, ubicada 200 km al norte de Marsella (Francia), el profesor Alban Defleur, de la Universidad del Mediterráneo de Marsella, y su equipo encontraron claros signos de un canibalismo que se remontaba 120.000 años atrás, a la época de los neandertales. Huesos humanos troceados con marcas de descarnado y golpes precisos producidos por herramientas de piedra indicaban que el canibalismo era una práctica habitual. Dada la abundancia de caza en la zona, quedó descartada la teoría de que se hubiese tratado de un acto ocasional ante la desesperación provocada por el hambre. No está probado que los neandertales desarrollaran una conducta simbólica ritual o que tuvieran atisbo alguno de religión, por lo que tampoco es probable que devoraran a sus semejantes para apropiarse supuestamente de su fuerza y su valor, como harían posteriormente otras sociedades. La hipótesis más aceptada es que estos homínidos cazaban y daban muerte a otros grupos para comérselos como si fueran una presa más. El canibalismo podría haber sido, pues, una más entre las formas que tenían los neandertales de alimentarse. Se han realizado hallazgos similares en Vindija y Krapina (Croacia), Combe Grenal (Francia) y en la cueva de Gattari (Italia).
En 2006 se encontraron en el yacimiento de la Gran Dolina de Atapuerca (Burgos) fósiles de al menos diez niños y niñas pertenecientes a la especie Homo antecessor con signos de haber sido devorados por sus congéneres. Según Eudals Carbonell, codirector del yacimiento, fueron atacados por homínidos de la misma especie, pero de diferente grupo. El macabro festín de Atapuerca, de 800.000 años de antigüedad, prueba que el canibalismo con propósitos alimenticios fue una práctica habitual durante cientos de miles de años. Para el antropólogo Marvin Harris, autor de Bueno para comer, esta clase de antropofagia es propia de grupos humanos organizados en bandas y aldeas. Sin embargo, cuando en el Neolítico (6000 a.C.) el hombre pasó de ser cazador-recolector a domesticar y criar animales y cultivar plantas, consiguió producir grandes excedentes de alimentos que hacían innecesario consumir la carne de sus semejantes. Además, en una sociedad estatal, el respeto al tabú del asesinato y el canibalismo constituye una condición fundamental para una buena convivencia.


Sólo algunos grupos de seres humanos que habitaban en remotas regiones de África, Oceanía y Sudamérica continuaron asando y devorando a los prisioneros de guerra. Fueron los exploradores europeos de la época de los grandes descubrimientos quienes, al regresar de sus viajes, describieron estas salvajes prácticas. De hecho, el término “caníbal” tiene su origen en que cuando Colón llegó en 1492 a la isla de San Salvador los amistosos arawak le informaron de que tuviera mucho cuidado con sus belicosos vecinos del Sur, los caribes, pues comían carne humana. Algunas de estas sociedades, como los niam-niams de Etiopía, siguieron practicando el canibalismo alimenticio, pero en otras se evolucionó hacia el canibalismo ritual. Así, en el contexto de prácticas mágicas, devoraban partes de los enemigos más valerosos creyendo que este macabro alimento les serviría para adquirir el coraje y la fuerza de sus adversarios. Los nauras de Nueva Granada ingerían el corazón de los españoles siempre que tenían oportunidad; los guerreros de los grupos theddora y ngarigo del sudeste australiano se comían las manos y los pies de sus enemigos muertos y los cazadores de cabezas de las islas Célebes, los tolalkakis, se comían los cerebros de sus rivales. Sin embargo, para los habitantes de las islas Fidji, los ontaysatrouha de Madagascar, los wari de Brasil o los fore de Papúa Nueva Guinea devorar el cadáver de un ser querido era un acto de amor y un homenaje póstumo: la promesa de una nueva relación entre los vivos y los muertos. Esta particular necrofagia ha recibido el nombre de endocanibalismo. Como escribió Étienne de Flacourt en el siglo XVII en su obra Historia de la gran isla [Madagascar], “los padres y las madres tenían por único sepulcro a sus hijos”.

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Familia de caníbales de la isla Simbo



MAGIA SIMPATÉTICA

El canibalismo ritual alcanzó sus cotas más altas en la civilización azteca. A pesar de estar curtidos en mil batallas, Hernán Cortés y sus hombres no estaban preparados para lo que encontraron en 1519 en Tenochtitlan (la actual Ciudad de México). Allí, en los templos gemelos de Huitzilopochtli (dios del Sol) y Tláloc (dios de la lluvia y la fertilidad), situados en la cumbre de la pirámide más alta de la ciudad, los sacerdotes aztecas realizaban unos 20.000 sacrificios humanos anuales. Arrancaban el corazón a las víctimas, lo ofrecían a sus dioses y después devoraban algunas partes de los cadáveres. Lo que puede parecer una salvaje matanza sin sentido constituía en realidad un rito de fertilidad muy elaborado basado en los principios de la magia simpatética. Mediante la consagración los sacerdotes convertían a la víctima en el mismo dios encarnado, que después moría y renacía en sus hijos cuando éstos lo comían. De esta forma se simbolizaba el ciclo de la vida y se aseguraba la renovación de las cosechas y la multiplicación de los animales. Este principio de la transubstanciación es el mismo en el que se basa la comunión de los cristianos. La hostia y el vino consagrados se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, que son ingeridos después por sus fieles, renovando el sacrificio expiatorio del dios. Aunque para la mayor parte de las culturas actuales el canibalismo es un tabú, éste queda anulado cuando la angustiosa elección es comer carne humana o morir. El ejemplo más conocido es el caso del accidente de avión ocurrido en los Andes en 1972. Los 16 supervivientes tuvieron que recurrir a utilizar como alimento los cadáveres de sus amigos hasta ser rescatados. A lo largo de la Historia se han producido otras situaciones similares, menos conocidas pero igual de estremecedoras. En 1846, en plena Fiebre del Oro, un grupo de colonos partió de Springfield (Illinois, EE.UU.) hacia California. Iban guiados por George Donner y decidieron tomar un atajo. El invierno les sorprendió en Sierra Nevada y quedaron atrapados por la nieve. Cuando se agotaron las provisiones se vieron obligados a comerse los cadáveres de sus compañeros.

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La antropofagia era ritual, inspirada por motivos religiosos. Se solía cocinar el cuerpo de la persona sacrificada para preparar un plato llamado tlacatlaolli y se repartía en un banquete. Cada persona consumía solo una pequeña porción de carne humana.



ANUNCIO MORTAL

Sin embargo, a pesar de la repulsión que nos produce el hecho en sí, hay personas que practican el canibalismo por placer. El pasado 12 de septiembre, Ozgur Dengiz, de 27 años, asesinó de dos tiros en la cabeza a Cefer Er en Ankara (Turquía). Después, sacó un cuchillo y cortó trozos del cuerpo aún caliente. “Probé su carne en la escena del crimen. Tenía un sabor agradable –confesó después–, así que decidí llevarme algunas partes para poder comérmelas más tarde.”
También obsesionado por probar la carne humana, el alemán Armin Meiwes puso en 2001 un anuncio en Internet para reclutar un joven que accediera voluntariamente a ser devorado. ¡Por increíble que parezca, más de 200 personas se ofrecieron a ello! De entre todas ellas, Meiwes escogió al berlinés Bernd Jürgen, a quien citó en su casa de Rotemburgo el 9 de marzo. En primer lugar, Meiwes amputó el pene a Jürgen. Tras asarlo y aderezarlo con sal, pimienta y ajo, se lo comieron entre los dos. Después Meiwes mató a su “invitado”, descuartizó su cadáver y guardó algunas partes en el congelador. Para colmo, todo el proceso fue grabado en vídeo. Durante los meses siguientes llegó a consumir unos 23 kg de su carne. Dispuesto a encontrar una nueva víctima, puso otro anuncio. En esta ocasión fue denunciado por un estudiante austriaco y detenido por la policía en 2002. La Justicia tuvo serios problemas para condenarle, pues la víctima había accedido voluntariamente y el canibalismo no se considera un delito en Alemania. “Quería comerle, pero no matarle”, alegó Meiwes en su defensa. Finalmente, fue condenado a cadena perpetua.


AMORES PELIGROSOS

En 2004 Gumaro de Dios Arias, de 26 años, asesinó a su amante, Raúl González, en una destartalada cabaña de Playa del Carmen, en el corazón de la Riviera Maya mexicana. Después, durante tres días, se comió varias partes de su cuerpo, algunas cocinadas como un caldo y otras asadas a la parrilla. La policía le detuvo después de recibir la llamada de un joven que pasaba por el lugar y que presenció el macabro banquete. Gumaro dormía al lado del cuerpo descuartizado.
En febrero de 1999, en la localidad venezolana de San Cristóbal, la policía detuvo a Dorángel Vargas Gómez, acusado de haber asesinado y devorado a más de diez personas entre 1997 y 1999. Dorángel cazaba a sus víctimas con un tubo en forma de lanza, las descuartizaba, guardaba las partes que se comía para cocinarlas y desechaba los pies, las manos y las cabezas porque le resultaban indigestos. “No me arrepiento de lo que he hecho, porque me gusta la carne”, declaró al ser detenido. Tampoco mostró arrepentimiento alguno el japonés Issei Sagawa, que en 1981 asesinó y “saboreó” partes del cuerpo de la joven Renée Hartevelt. “Sólo quería conocer el sabor de la carne de una chica joven y atractiva –argumentó–. Cuando uno se enamora de una mujer, lo normal es querer besarla. Para mí es lo mismo, sólo quería probarla. Soy un caníbal. Es una obsesión.” Su poderoso padre, el industrial Akira Sagawa, consiguió que fuera internado en un hospital psiquiátrico de Japón, de donde salió en libertad tan sólo 15 meses después. Hoy en día es una estrella mediática en su país.


HOMBRES LOBO

Durante los siglos XVI y XVII este tipo de personajes fueron llamados hombres-lobo en Europa. Peter Stubbe fue ejecutado en 1589 en Beddur (Alemania), acusado de asesinar y devorar a 16 personas. En 1573 Guilles Garnier fue quemado en Dôle (Francia) tras haber asesinado y devorado a cuatro niños. Como hemos visto, el hombre-lobo o el asesino caníbal no desapareció con la llegada del Siglo de las Luces. Fritz Haarmann, El Carnicero de Hannover, asesinó a 40 niños entre 1918 y 1924. Se alimentaba con su carne y vendía la que le sobraba en el mercado negro de la hambrienta Alemania de la posguerra. Albert Fish, El Ogro de Nueva York, confesó haber devorado a 15 pequeños, pero la policía llegó a barajar la cifra de 400 víctimas. Fue detenido tras enviar una monstruosa carta a Delia Budd en la que relataba con todo lujo de detalles cómo había asesinado y cocinado a su hija.
Pero quizá lo más aterrador de todo es que en el siglo XXI el caníbal no es un “salvaje” que vive en una remota selva. Es ese amable vecino que viste bien y nos abre la puerta del ascensor mientras fantasea con el sabor de nuestra carne. Ni siquiera necesita acechar a sus víctimas en oscuros bosques o en sórdidas callejuelas de los bajos fondos. Utilizando las modernas tecnologías, las “caza” a través de Internet como quien encarga una pizza. Tengan mucho cuidado cuando les inviten a cenar. ¿Están seguros de que conocen bien a su anfitrión?

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El Carnicero de Hannover, asesinó a 40 niños entre 1918 y 1924.



¿SABÍAS QUE...

Jeffrey Dahmer, El Carnicero de Milwaukee, mató y descuartizó a 17 jóvenes entre 1987 y 1991? Guardaba restos humanos como trofeos y en varias ocasiones guisó y comió partes de los cuerpos. Se deshacía de los trozos que no le interesaban sumergiéndolos en un enorme barril de plástico lleno de ácido o, simplemente, tirándolos al retrete.


CHIKATILO: EL CARNICERO DE ROSTOV

Uno de los casos más escalofriantes de canibalismo es el de Andréi Romanóvich Chikatilo, Carnicero de Rostov, que durante 12 años asesinó a 54 personas. Devoraba las partes blandas de sus víctimas y le producía un inmenso placer masticar y tragar sus pezones y sus testículos. El psiquiatra Alexander Bukhanovsky, que contribuyó a capturar a Chikatilo, afirmó que el aumento en Rusia de los asesinatos en serie y del canibalismo en particular se debía a factores como la corrupción de la familia, la amplia distribución de pornografía, las serias dificultades económicas y la crueldad del pasado reciente del país, ejemplificada en los campos de concentración de Stalin.


CANÍBALES EN EL CINE:
DE LOS "MUERTOS VIVIENTES2 A GRIMM LOVE STORY


La figura del caníbal ha sido abordada por el Séptimo Arte en numerosas ocasiones, en parte porque ha contribuido a dar “sangre nueva” al cine de terror, cuyos principales protagonistas –el vampiro, el hombre-lobo, los extraterrestres y los diferentes monstruos nucleares–, a fuerza de ser revisitados, ya no daban miedo. George A. Romero inauguró el género con sus zombis caníbales de La noche de los muertos vivientes (1968), a la que le siguieron Las colinas tienen ojos (1977), de Wes Craven, e innumerables filmes italianos de salvajes caníbales cuyo máximo representante fue Holocausto caníbal (1980), dirigida por Ruggero Deodato. El género alcanzó la mayoría de edad con El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme. Los caníbales persiguen a un grupo de excursionistas en Km 666 (2003), de Rob Schmidt. Especialmente inquietante es Kevin, el caníbal de Sin City (2005), de Frank Miller y Robert Rodríguez, que obliga a sus víctimas a mirar mientras devora trozos de su carne. Grimm Love Story (2006), de Martin Weisz, es la última vuelta de tuerca, al presentar algo tan repugnante como el canibalismo como un acto de amor.

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Toma de la película "Holocausto canibal"


LA CURIOSIDAD

El caníbal también ha sido protagonista de varias canciones. El japonés Issei Sagawa inspiró a los Rolling Stones la canción Too Much Blood (1983) y a The Stranglers el tema La Folie (1981). Armin Meiwes también tiene su canción: Mein Teil (2004), del grupo Rammstein.

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