Melodías de otros mundos

Publicado en por soviet

Existen algunos casos de personajes que han escuchado “melodías” procedentes del más allá, que dieron lugar a algunas de las más grandes y famosas composiciones musicales. Para muchos, estas notas tenían un origen celestial, pero otros fueron acusados de pactar con el mismo diablo para componerlas…
El sabio jesuita Athanasius Kircher, experto en criptografía, relataba que una tarde, después de escuchar una hermosa sonata interpretada por un trío que tañía el laúd, cayó en un profundo trance en el que se vio ascendiendo a través de las siete esferas de los planetas y llegó a tener, según confesó, una visión de la “Luz Divina”. Le faltaban palabras para describir su experiencia. Este caso es un ejemplo de cómo la música puede llevarnos a estados alterados de conciencia y provocarnos éxtasis gloriosos que inducen visiones o audiciones de “músicas celestiales”.


Imagen IPB
Se cuenta que Giuseppe Tartini compuso su Trino del diablo en 1713, inspirado por un sueño donde vio al maligno al pie de su cama tocar una melodía en su violín. Al despertar, comenzó a trascribirla en su papel pautado y, a pesar de su hermosura, al parecer no era nada comparado con lo que realmente llegó a escuchar en su sueño. No es el único caso de melodías inspiradas o dictadas por el mismo “diablo”. El aspecto patibulario de Paganini, sus excentricidades y la habilidad que tenía para tocar el violín, contribuyeron a extender la leyenda de que el famoso compositor había hecho un pacto con el demonio. Algunas personas le rehuían y otras se le acercaban para tocarlo y comprobar que era realmente un ser humano. Paganini, molesto por tantas calumnias, en 1831 publicó una carta en la revista parisina Gaceta Musica, escribiendo, entre otras cosas: “No he asesinado a nadie ni he pasado ocho años en la cárcel, ni el demonio impulsa mi brazo cuando ejecuto. ¡Callad ya, por Dios, lenguas viperinas!”. Daba igual, su fama llegó hasta tal punto que, cuando murió de tuberculosis a los 58 años en Niza, no quiso recibir los Santos Sacramentos y la Iglesia prohibió entonces que sus restos fueran enterrados en lugar santo.

Imagen IPB


Música angélica

Lo cierto es que Tartini y Paganini fueron dos violinistas “condenadamente buenos” que tocaban como los ángeles. Y ya que hablamos de ángeles, en la paz de los conventos han tenido lugar algunos fenómenos de esta naturaleza. Un conocido caso de “música celestial” es el vivido por Hermann Joseph von Steninfeld (1150-1229), devoto de Santa Úrsula y de sus once mil vírgenes, que escribió un solemne himno, O Vernantes Christi Rosae, gracias a que el enorme coro de las doncellas cantaba “desde el más allá” una melodía mientras él la transcribía. Son músicas celestiales y sublimes a las que han tenido acceso muy pocas personas. Una de ellas fue la benedictina Hildegarda von Bingen (1098-1179) que entraba con frecuencia en estados de arrobamiento en los que al parecer escuchaba música cantada por los ángeles y redactó textos en una lengua desconocida que, según decía, le era dictada por un espíritu celestial. Estos escritos y partituras constituyen uno de los más genuinos ejemplos de xenoglosia espiritual –supuestos sonidos del más allá–.

Las visiones de santa Hildegarda von Bingen, como la describe e ilustra su Scivias, concluyen así: “A continuación, vi el aire muy transparente, y en él escuché de un modo maravilloso a muchas clases de músicos que alababan las alegrías de los ciudadanos celestes… Y su sonido era como la voz de una multitud que creaba música en armonías…”.

A mediados del siglo IX, Aureliano de Ródano contaba que una música celestial permitió modificar la liturgia terrenal. Ocurrió en el Monasterio de san Víctor, cerca de la ciudad de Cinnamanni, donde vivía un monje que durante una noche de vigilia oyó un coro de ángeles que cantaba el responsorio que se entona con motivo de la Natividad de los Apóstoles… Al llegar a Roma, lo repitió ante los clérigos de la Iglesia de san Pedro y dejó constancia del mismo tal y como lo había escuchado. Éstos modificaron un versículo, y así es como lo cantan ahora, no sólo ellos, sino toda la Iglesia.

Comentar este post