Mandeos

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En pleno siglo XXI todavía podemos contemplar cómo bautizaba Juan el Bautista a sus seguidores gracias al ritual que los mándeos siguen practicando. Pero, tras haber sobrevivido a más de 2.000 años de historia, este grupo religioso está a punto  de ser aniquilado.
por Gemma Nieto

 

MANDEOS

 

Los últimos gnósticos
FUENTE: Revista española MAS ALLA Nº 259.

 


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A orillas del Tigris, en un destrozado Bagdad, aún puede contemplarse una escena que parece más propia de una película histórica de la era dorada de Hollywood que de nuestros días. Es domingo por la mañana y medio centenar de mándeos, acompañados de algunos sacerdotes, se bautizan en el río. Las aguas bajan revueltas, pero ellos se sumergen para recibir el bautismo. Visten sus ropas tradicionales: una langa túnica de color blanco que les llega casi hasta los pies, sujeta a su cintura por un cinturón de pelo de cabra macho; cubren sus cabezas con turbantes y muestran una actitud respetuosa. K.I sacenlole los suinei-ge totalmente en el agua y luego los bendice poniendo en su tocado una ranilla de mirlo.
Apenas hemos oído hablar de ellos en España, solo un puñado de periodistas especializados en Oriente Próximo han publicado una decena de artículos que no han tenido una amplia repercusión, inmersos como estamos en un mundo que se volatiliza a una velocidad de vértigo. Los mándeos son una comunidad gnóstica sin tierra ni gobierno que ha vivido tradicionalmente cerca de los ríos Tigris y Eufrates ocupando territorios que hoy pertenecen a Irak e Irán en los que nunca han sido bien recibidos. Quizá la última masacre que han sufrido fue la de Sadam Hussein cuando asesinó a miles de ellos en la región de las marismas a finales del siglo pasado.
Constituyen una minoría religiosa en un país preferentemente musulmán y, aunque han superado siglos de persecuciones, su situación actual es muy complicada. Parte de la población más integrista los culpa de los graves sucesos en los que se encuentra sumergido el país. Su situación se ha visto agravada en los últimos años a raíz del llamamiento que el ayatola iraquí Al-Hakeem hizo contra ellos ya que, según él y de acuerdo con el Corán, pueden ser perseguidos y masacrados. Este llamamiento, unido a la precaria situación en la que se encuentra Irak, los ha convertido en el blanco de muchos fanáticos que queman sus comercios, violan a sus mujeres o secuestran y torturan a sus hijos. A fecha de hoy, su población ha mermado considerablemente y, aunque algunos se atreven a volver, todavía son muchos los desaparecidos. Se trata de gente pacífica que no dispone de milicia para defenderse; su religión, además, les prohibe portar armas y eso hace de ellos el blanco perfecto para los más exaltados.


• LA CURIOSIDAD

Las prácticas cristianas bizantinas, el agua estancada que se utiliza para el bautismo o el celibato, despiertan el horror de los mándeos, ya que entienden que el agua estancada es portadora de espíritus negativos y que Dios nos dijo: "Creced y multiplicaos".

• LA BIBLIA Y a CORAN

Los mándeos son mencionados en varias ocasiones en la Biblia. El libro sagrado los denomina "sabeanos", al igual que lo hace el Corán en algunas de sus suras.
La palabra "sabeanos" o "sábeos" hace referencia al bautismo, uno de sus ritos más importantes, mientras que "mandeo" tiene el mismo significado que "gnósticos", 'los que son buenos en conocer". Ambas acepciones les han sido atribuidas desde antaño, pero han dado lugar a una importante confusión en cuya base se encuentra la motivación principal para perseguirlos y exterminarlos. Sobre el año 830 de nuestra era en la ciudad de Harrán, al norte de Mesopotamia, los antiguos nabateos adoradores de las estrellas y de los planetas fueron conminados por el califa Al-Ma'mun a abandonar su paganismo bajo pena de muerte. Atemorizados, decidieron cambiar su nombre por el de "sabíanos" y acogerse a la protección del Corán, que los incluía así entre los que denominaba 'la gente del libro", es decir, las religiones que cuentan con un libro sagrado y un profeta, como los judíos, los cristianos y los sábeos. Todos aquellos que quedasen fuera de este grupo serían reprimidos con fuer/a a lo largo de los siglos siguientes. Su represión ha llegado incluso hasta nuestra época. El problema de la persecución que han sufrido, y sufren, los mándeos, debido a que el Corán no los protege y no les permite practicar libremente su religión, reside en que no son considerados "gente del libro"; una prohibición nacida de ser confundidos con el grupo de adoradores de las estrellas que decidió llamarse como ellos. Los orientalistas comprobaron que existían dos grupos de sábeos, muy diferenciados en cuanto a sus creencias, que convivieron durante un tiempo en la ciudad de Harrán: de un lado, los adoradores de estrellas y, de otro, los mándeos. El segundo motivo de la confusión se debe a que, en un principio, los musulmanes denominaron "sabeanos" a todos los pueblos que había desde la India hasta España. Por su parte, los mándeos se apresuran a aclarar que ellos son los verdaderos sabíanos de los que hablan la Biblia y el Corán, aunque varios avalólas musulmanes tienen serias dudas al respecto.


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• SABANA SANTA
¿Sudario mandeo?


Recientemente, Norma Weller, profesora de la Universidad de Brighton (Reino Unido), ha indicado que la Sábana Santa podría ser un enterramiento mandeo y no el sudario que envolvió a Cristo. Su hipótesis está basada en el hecho de que pueden apreciarse en la Síndone las hojas de mirto que los mándeos suelen colocar junto a sus muertos antes de cubrirlos para que emprendan su viaje final. Apoya su tesis afirmando que Jesús y Juan el Bautista pertenecieron a una secta conocida como
nazarenos cuyos descendientes espirituales son los propios mándeos.


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• CONEXIÓN EGIPCIA

A pesar de que los orígenes del mandeísmo se pierden en la historia, su mitología afirma que proceden de Egipto. Algunas de sus leyendas más antiguas los sitúan en el país de los faraones durante la migración que, según la Biblia, realizaron los judíos hacia Jerusalén. Los libros sagrados mándeos cuentan la historia, bien diferente de la nuestra, de que ese periplo fue realizado por ellos. Algunas similitudes, como el hecho de que la teología menfita utilice el poder de la mente y la palabra para crear el mundo, los cinco días que dedican en su calendario a recordar la creación o disponer de un mismo calendario solar y religioso, entre otras, son justificaciones más que suficientes que les acercan a los mitos egipcios.

• LOS PRIMEROS NAZARENOS

El problema de cómo se ha llamado a los mándeos a lo largo de la historia se complica aún más cuando leemos la historia que se narra en otro de sus libros sagrados, el Horran Gawaita. Esta obra relata el viaje que los mándeos tuvieron que realizar, en tomo al año 70 de nuestra era, para huir de Jerusalén y asentarse en la población siria de Harrán. Sucedió cuando los romanos entraron en la ciudad bíblica para destruirla y arrasar el templo judío. En el Horran Gawaita se cita a los mándeos como "nasoreanos" (nazarenos). Hacia esta idea apunta también el gran historiador Punió cuando los llama "nazerimi" y dice de ellos que son un grupo de personas que observan la ley y que se asentaron en el norte de Siria sobre las mismas fechas de su huida de Jerusalén. Esta tesis ha sido apoyada por la mayoría de los estudiosos, que coinciden en que los mándeos son un pueblo escindido del judaismo ya en los primeros tiempos del cristianismo y afirman que salieron de Jerusalén en tomo al año 70, tras la muerte de su profeta, Juan d Bautista.


• EL OTRO BAUTISTA

Precisamente, el hecho de ser un grupo religioso que se bautiza regularmente hizo que los jesuítas portugueses que los redescubrieron en el siglo XVI para la historia, los denominaran "los cristianos de san Juan". De hecho, Juan, el de la Biblia, es su cuarto y último profeta.
Como religión sincrética, el mandeísmo posee elementos comunes con el judaismo, el cristianismo y las antiguas creencias persas e iranias. Sin embargo, son muy llamativos los elementos diferenciadores que los separan de los cristianos. Encontramos un ejemplo en el episodio de la Biblia que narra cómo asesinó Heredes a todos los niños menores de dos años para librarse del nuevo mesías que había nacido y que estaba destinado a convertirse en rey de los judíos. En las escrituras mandeas esta historia es bien diferente, ya que su protagonista es Juan el Bautista. Isabel, su madre, tiene que refugiarse de la ira del tirano que quiere asesinar a su hijo ascendiendo con él en brazos a una montaña cercana y suplicando después a las propias rocas que se abran para cobijarlos. El lugar exacto donde, según la tradición mandea, acaeció este hecho puede contemplarse hoy en día. Basta con acercarse a la iglesia de la Visitación en el pequeño pueblo de Ein Kerem, a las afueras de Jerusalén.
De acuerdo con las enseñanzas mandeas, Juan el Bautista fue su cuarto y último profeta, un gran maestro diestro en la magia blanca de los sacerdotes e interesado en la sanación de las almas y de los cuerpos. Como puede observarse, es un aspecto muy similar a lo que Jesús representó para las primeras comunidades cristianas. Otro aspecto de las escrituras mandeas que guarda cierta similitud con el cristianismo es el momento en el cual Juan bautiza a Jesús en el río Jordán; la historia mandea es prácticamente igual a la cristiana, aunque la paloma que se posa sobre la cabeza de Jesús durante el ritual, a juicio de la secta gnóstica, no era el Espíritu Santo sino Ruha, una versión femenina que, en su cosmogonía, representa a Satanás. Para El Bautista, Jesús distorsionó las palabras que había aprendido de él y predicó el fraude y la malicia.

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• ALFABETO MÁGICO Y SAGRADO

El hecho de que Jesús "distorsionara las palabras de verdad" tiene una gran importancia para los mándeos y es debido a que su alfabeto, el abogada, es mágico y sagrado. Los sacerdotes mándeos hablan entre ellos un lenguaje que entronca directamente con el arameo que se hablaba al principio de nuestra era, el mismo lenguaje en el que se entendían Jesús y El Bautista; se trata del mandeo clásico, que es la lengua usada en sus liturgias y en sus libros sagrados. Antes de iniciar a un sacerdote en los misterios de su religión, el aspirante debe de aprender de memoria un enorme volumen de textos sagrados que deberá pronunciar correctamente para que, en el futuro, los ritos que realice sean válidos. La leyenda mandea de la creación del mundo está basada en las propiedades mágicas y sagradas de su alfabeto. Para ellos cada letra representa una energía, tiene existencia propia e imparte misterios.

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La a, primera y última letra, es la perfección, el principio y el fin de todas las cosas; la b representa al Gran Padre...
De acuerdo con uno de sus libros más sagrados, El libro de las 1012 preguntas, cada letra crea la siguiente: la b procede de la a, la g de la b y así sucesivamente. A su vez, cada letra se apoya en la anterior y entre todas construyen un sólido edificio que no puede ser destruido. Sin embargo, el alfabeto es amenazado. Las letras se hinchan de orgullo y su vanidad las toma individuales cuando se creen más importantes que el resto. Se distribuyen en dos grupos que comienzan a mirarse con hostilidad. Si no funcionan como un todo, no podrán formarse palabras ni frases con sentido y los hombres no podrán impartir los misterios de su religión porque las palabras no saldrán de sus bocas. Después de su alfabeto se crearon el resto de las cosas, ya que sin él nada podría ser dicho ni expresado y nada podría ser creado. Esta idea representa un concepto muy similar y conocido que también fue expresado en la Biblia. En el Evangelio de Juan podemos leen "Dios dijo: 'Hágase la luz. Y la luz se hizo". Se trata del mismo principio creador gracias al poder de las palabras es posible cambiar el mundo y configurar una nueva realidad.

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